Un jueves de arte

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Las botellas vacías de Warsteiner desparramadas en el suelo rompían con la coqueta fachada del barrio porteño de Retiro. Bastaba con caminar media cuadra para entender de donde venían aquellos desechos. Era cuestión de seguir a la resplandeciente luz que iluminaba toda la cuadra del barrio que muere cuando termina el horario laboral y los oficinistas huyen para volver a sus hogares. Pero esa noche de llovizna, el barrio estaba despierto y las luces de los locales, prendidas. Tal y como sucede una noche de jueves al mes cuando las galerías de arte abren sus puertas para dar vida al centro porteño con la “GalleryNights”.

Por Suipacha, la música electrónica atrajo a más de un transeúnte a la planta baja de Mock Galería. Allí, el artista Jorge Haro ofició de disk jockey para deleitar a los presentes con su muestra sonora “a>v 2.0” en el último día de su exposición. La música retumbaba en el silencio de la oscuridad. Decoraban la sala unos pocos cuadros que representaban las ondas audiorítmicas de la muestra. La gente ayudaba al silencio y escuchaba tirada en el blanco suelo, estirada y cuidando que la copa de champagne en sus manos no se fuera a volcar. Resultaba una escena extraña para alguien no habituado a este tipo de eventos. Fin del espectáculo y del silencio. A seguir camino.

Al dar vuelta la cuadra, la sorpresa fue total. Era algo inimaginable para quien transita a la tarde por aquella callecita paqueta sin prestar atención. La calle Arroyo es sin duda, la calle de las galerías de arte y fue el punto más alto del recorrido. Dos promotoras ofrecían alegremente Ferrero Rocher a rolete, al tiempo que la música de jazz sonaba con fuerza y alegraba la lluviosa noche. “Imaginemos que estamos en Londres”, se escuchó gritar a una señora enfundada en un enorme tapado de piel y copa de Chandon en mano. Muchos le hicieron caso y comenzaron a moverse al ritmo de “El día que me quieras”, el archifamoso tango que tocaba uno de los saxofonistas de la cuadra.

  En Arroyo,  las galerías de arte están una al lado de la otra, casi como las personas que viajan en el tren San Martín que parte de la cercana Estación de Retiro. Palatina, Espacio Arroyo, Aldo de Sousa y Holz peleaban por atraer la atención de los presentes. La sorpresa fue grande en la última galería. No sólo la muestra de Bruno Grisanti que inauguraba ese día dejó más de una sonrisa en mi cara, sino que también la presencia de una prima a quien hace tiempo no veía. Encuentro feliz y fructífero: su guía ayudó a comprender más la muestra. Abrazo cálido y a seguir el recorrido.

  Diez campanadas bajaron desde lo alto de una iglesia cercana y dieron cuenta del fin del evento. También lo marcaban las botellas y copas vacías tiradas en las veredas. Y la gente paqueta que tambaleaba con unas cuantas burbujas encima hacia sus lujosos autos. Imagen que contrastaban con la gente que acomodaba su cartón en la calle para disponerse a dormir. Otra GalleryNights pasó.

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